A los eslovacos les gusta cada vez más el “viernes negro” (Black Friday)

El “viernes negro” o “Black Friday” marca el inicio de la temporada de compras navideñas. Las tiendas minoristas y grandes almacenes atraen a millones de clientes en todo el mundo a través de significativas rebajas.
El “viernes negro” es una festividad estadounidense que se ha ido extendiendo en Latinoamérica y Europa gracias a nuevas formas de promoción y a la tecnología.
El término “Black Friday” fue utilizado por primera vez a principios de los años 60 en Filadelfia por los oficiales de policía encargados de la regulación del tráfico de gente y vehículos que abarrotaba las calles al viernes siguiente de Acción de Gracias (“Thanksgiving Day”).
Sin embargo, existe una explicación alternativa: el término “negro” podría referirse a las cuentas de los comercios, que pasan de números rojos a negros gracias al superávit.
El “viernes negro”, a pesar de que no es oficialmente un día festivo, se ha convertido en el día de mayor movimiento comercial de todo el año desde el 2005.
Su éxito se explica por diferentes factores. Por un lado, la campaña promocional de los grandes operadores a través de todos los medios de comunicación disponibles. Por otro lado, la oportunidad que se ofrece a los consumidores de disfrutar de excepcionales descuentos en un período de gastos en regalos, comidas y festividades. Por último, el creciente aumento del sistema de pagos y envíos ofrecido en línea.

El “viernes negro” se está volviendo más popular en Eslovaquia, donde el consumo de los hogares está creciendo gracias a la mejora de la situación económica, el descenso del desempleo y el aumento de los salarios.
Cada miembro de una familia eslovaca gasta anualmente un promedio de 5.131 euros, en la vivienda, transporte, bienes y servicios diversos, artículos para el hogar, prendas de vestir y calzado. Los artículos más vendidos en cuotas son los teléfonos móviles, accesorios para el hogar, muebles y televisores.
En Eslovaquia un tercio del volumen de compras se realiza precisamente durante el último trimestre del año.
Sin embargo, detrás del “viernes negro” y la adopción de patrones culturales americanos hay un fuerte interés económico que no debemos olvidar. La gente solo percibe la parte positiva y no quiere ver las consecuencias de todo el sistema montado alrededor del consumo.
A los productores interesa que los aparatos y la ropa se rompan pronto porque esto es el único garante de que compraremos más. La ropa cada vez es de peor calidad y hay siempre menos gente que sepa arreglarla.
El consumidor debería enfrentarse al “viernes negro” cuestionándose por qué compra las cosas, si realmente necesita ese objeto, si comprarlo hace su vida mejor.
El consumismo es una deformación de la realidad y una nueva forma de esclavitud. Estamos rodeados de objetos que no necesitamos y nos da pena tirar… pero tener tantas cosas no es positivo ni para la salud ni para el medioambiente.

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Foto: Pixabay CC0  

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