En Eslovaquia sucedió algo extraordinario: un ejemplo para las jóvenes generaciones

Querían casarse en mayo y soñaban con un país mejor. Amaban la verdad y no soportaban la corrupción y los juegos de poder. Por eso fueron asesinados en su casa.
Sin embargo, los asesinos de Ján y Martina quizas no se imaginaban la extraordinaria herencia que un jóven periodista y su novia habrían dejado a las nuevas generaciones de eslovacos que no habían experimentado la Revolución de Terciopelo.
En una nación hasta entonces apática sucedió algo extraordinario: decenas de miles de personas saliron de su casa y tomaron las calles para exigir “una Eslovaquia decente”. Fue un levantamiento pacífico en todos los rincones del país, y recibió apoyo también en el extranjero, desde Londres hasta Vancouver y Sydney…
“No confundas nuestro carácter pacífico con la falta de determinación y perseverancia”, declararon los organizadores de las manifestaciones, animados por la firme voluntad de crear un movimiento de oposición moral, ajeno a cualquier etiqueta política… Pero “todos somos políticos” en el sentido de que todos debemos estar interesados a la gestión de nuestro país y controlar a las personas que nos representan. La democracia es participación, no es la construcción de un poder personal o la formación de una oligarquía descarada.
En Eslovaquia la clase política creó un gigante con pies de barro: un fuerte y rápido desarrollo económico por debajo del cual hay fundaciones podridas. El verdadero desarrollo de un país no se mide solo con el número de automóviles producidas por año, porque el verdadero progreso no se mide exclusivamente con los bienes materiales. Hay algo más importante que los politicos olvidaron durante los últimos años. Y esto es la dignidad… Que no vive en lujosas residencias, no está comprometida con las mafias de cualquier tipo y origen, no va a buscar chivos expiatorios para ocultar los problemas reales del país, las desigualdades económicas y sociales o la marginación.
El levantamiento pacífico durante los treinta días que marcaron la historia de Eslovaquia mostró a los gobernantes que los eslovacos honestos no aceptan pasivamente que los politicos puedan doblegar reglas, normas e instituciones a su voluntad.
El asesinato de Ján Kuciak y Martina Kušnírová tocó el punto debil de la política, sus conexiones con figuras desagradables del inframundo.
Hubo horror, conmoción y miedo. Luego hubo firmeza. Las lágrimas por el brutal asesinato de una jóven pareja se convirtieron en una protesta firme y tenaz, porque “no se puede matar a la verdad”.
Los hijos de la Revolución de Terciopelo lideran la lucha para crear una sociedad “normal” y no están satisfechos con cambios “cosméticos” que no erradican la corrupción “patológica” del país.
Particularmente los jóvenes se identifican con el periodista que tenía cara de bebé pero voluntad de hierro: “Queremos un gobierno transparente en el que podamos confiar”. Su papel es continuar la lucha de los padres contra el comunismo, puesto que muchos de los problemas actuales están arraigados en esa época.
La protesta continúa en Bratislava y otras ciudades de Eslovaquia y en el extranjero. Una nueva manifestación bajo el lema “Defendamos una Eslovaquia decente” tendrá lugar el jueves 5 de abril en Námestie SNP a las 17:00 horas.
“No vemos una señal clara de cambios sistémicos en la inspección policial y la despolitización del liderazgo policial”, así escribieron los organizadores en Facebook. “Estos son los primeros pasos necesarios para lograr recuperar la confianza de los ciudadanos”. Eslovaquia necesita personas competentes que tengan una conciencia moral y no sean títeres en manos de oligarcas, subordinados a juegos de partidos políticos.
Las protestas no pueden ser solo una señal de descontento, una lucha trágico-heroica que derribó al primer ministro pero no al sistema. Algunos observadores internacionales están convencidos de que el estado de ánimo de los eslovacos ha cambiado: se llegó a un punto de inflexión, en el sentido de que la gente ya no acepta el carácter sistemático del régimen corrupto y la idea de que el viejo gobierno fue el mejor posible y que su Eslovaquia es una “historia de éxito”.
“Para la generación más joven, este ha sido un mes de historia acelerada e instrucción política, un tema que muchos de ellos hasta ahora habían descuidado”, una auténtica lección de política, así escribió Samuel Abrahám, rector de la Escuela Internacional de Artes Liberales de Bratislava (BISLA). “En los próximos dos años, nuevos políticos honestos deben emerger, capaces de reflejar los acontecimientos en las plazas públicas y percibir la política no como una forma de facilitar el crimen, sino un servicio a la sociedad. También necesitamos políticos que ayuden a crear el ambiente moral que es tan necesario para la educación de la generación joven” y el futuro de la democracia.

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Foto: Za slušné Slovensko (FB)

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