Falleció Yevgueni Yevtushenko, el último escritor del deshielo ruso

El sábado 1 de abril el poeta ruso Yevgueni Yevtushenko falleció a los 85 años en Estados Unidos por un problema cardiaco.
Había nacido en 1932 en el pueblito siberiano de Zima, en la provincia de Irkustsk. Muy temprano comenzó a escribir versos, publicando su primer poema en 1949 en el diario soviético “Soviétski Sport”, convirtiendose en uno de los poetas más populares y el miembro más joven de la Unión de Escritores de la URSS.
En los años 60 la juventud soviética se sentía atraída por su estilo poético fresco y por su crítica contra el estalinismo. El trabajo de Yevtushenko se centraba en la denuncia de las atrocidades de la guerra, el antisemitismo, el poder enorme de la burocracia y los dictadores tiránicos. El poeta fue uno de los símbolos del deshielo de la época de Jruschov.
Entre sus textos más conocidos, se destaca el poema Babi Yar (1961), que describe la matanza de casi 34.000 judíos por los nazis en Kiev, una historia envuelta en la niebla de la Guerra Fría. Según el poeta, “no es poesía política, sino poesía de los derechos humanos, una poesía que defiende la conciencia humana como el mayor valor espiritual”. Yevtushenko dijo que escribió el poema después de visitar el sitio de los asesinatos en masa; buscaba algo que mostrara lo que sucedió allí, una señal, una lápida, algún tipo de marcador histórico, pero no encontró nada. “Estaba muy sorprendido. Me sorprendió mucho que la gente no guardara memoria de ello”, afirmó.
Yevtushenko escribió también una Autobiografía precoz (1966), trató los asuntos amorosos en la obra Poemas de amor (1977), más tarde incursionó en la novela. En 1963 estuvo nominado al Nobel de Literatura.
En 1973 Yevtushenko publicó El poeta en Rusia es más que poeta. Tras su muerte, Natalia Solzhenitsyna, viuda del novelista Aleksandr Solzhenitsyn, dijo que Yevtushenko “vivió bajo su propia fórmula”. “Y él realmente fue más que un poeta; fue un ciudadano con una marcada postura cívica”. No mueras antes de morir (1996) presenta una mezcla de ficción y documental, y describe con ironía la situación de la ex Unión Soviética en los primeros años 90.
En 1991 Yevtushenko se fue a Estados Unidos con su familia para enseñar en la universidad de Tulsa, en Oklahoma, donde radicó hasta su muerte.

Con Yevtushenko desaparece el último de los poetas que llenaban estadios y otros foros en los tiempos del deshielo sovietico, cuando la poesía encarnaba las ansias de libertad.
El escritor era considerado por unos un disidente valiente, que osó criticar la invasión de Checoslovaquia, y por otros el ‘disidente permitido’, elegido diputado junto a un grupo de escritores progresistas en la época de la perestroika.
Yevtushenko amaba la lengua española, que quiso aprender, y su cultura; fue amigo de Gabriel García Márquez, cantó a Cuba (y también la criticó), viajó por Latinoamérica y España, escribió poemas dedicados a García Lorca.
Tras un viaje al pueblo boliviano de La Higuera, donde fue asesinado el Ché Guevara, Yevtushenko escribió en español el poema La llave del comandante. “El Che Guevara, que para muchas personas existe como una leyenda, para mi es un hombre vivo”, dijo el poeta.
Yevtushenko expresó su deseo de ser enterrado en las afueras de Moscú, en Peredélkino, el cementerio de los escritores, junto a la tumba de Borís Pasternak, el autor de la novela Doctor Zhivago.
“No mueren personas: mundos mueren”, escribió en un poema.
Es verdad: con Yevtushenko desaparece toda una época, un auténtico mundo.

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Foto: Rodrigo Fernández CC BY-SA 3.0, Oliver F. Atkins

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