La Cooperación Española apuesta por el “desarrollo en transición”

Nueva York. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, encabeza la delegación española que participa en el 73º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, acompañado del Ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Josep Borrell.
La Semana Ministerial reúne anualmente en Nueva York a los jefes de Estado y de Gobierno y a los ministros de Asuntos Exteriores de los 193 países que conforman las Naciones Unidas. La cita sirve para debatir temas de la agenda internacional, prestando esta edición especial atención a cuestiones relacionadas con la prevención de conflictos, el desarrollo sostenible y la reforma de las Naciones Unidas.
España, referente mundial en la agenda de la mujer, la paz y la seguridad internacional, renovará en Nueva York su compromiso con el multilateralismo activo, que constituye una de las piedras angulares de su política exterior. La actuación de España durante este periodo de sesiones tendrá tres ejes fundamentales: atención a la dignidad de la persona, atención a la seguridad de las personas y atención al desarrollo sostenible centrado en el ser humano.
El día 24 de septiembre el secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica y el Caribe, Juan Pablo de Laiglesia, ha intervenido en el evento que se desarrolla en los márgenes de la Asamblea General de Naciones Unidas bajo el título “Desafíos emergentes y paradigmas cambiantes: nuevas perspectivas sobre la cooperación internacional para el desarrollo”.
El evento, que ha sido co-organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Comisión Europea y la OCDE a través de su Centro de Desarrollo, ha permitido un debate en profundidad sobre la evolución de los conceptos de desarrollo sostenible y cooperación para el desarrollo con un énfasis especial en la noción de “desarrollo en transición”.

Se trata de un concepto que adquiere particular importancia en los países de América Latina y el Caribe que están alcanzando mayores niveles de ingresos pero siguen afrontando desafíos estructurales relacionados con las desigualdades, las diferencias regionales, la debilidad del contexto social, así como con las escasas capacidades de innovación y bajos niveles de diversificación.
Los esfuerzos de estos países para superar las vulnerabilidades internas deben ir acompañados de intervenciones coordinadas a nivel regional e internacional, de modo que los países en vías de desarrollo puedan enfrentar el nuevo panorama global con todos los riesgos relacionados.
Esto supone cerrar todas las brechas pendientes y cambiar la forma de entender la política para el desarrollo. No hay que olvidar que existe una realidad compleja: el crecimiento de un país no significa necesariamente mayor bienestar para sus ciudadanos; más de dos tercios de la población de los países en desarrollo vive en sociedades en las que la desigualdad está experimentando un aumento incontrolable, mayor que hace 25 años. Hay países que alcanzan un mayor nivel de renta nacional o crecimiento pero que no avanzan en el bienestar social y aún siguen enfrentándose a la pobreza, la fragilidad de las clases medias, la inestabilidad económica, las disparidades regionales, la inseguridad y el acceso desigual a los servicios sanitarios y la educación.
Para una transición sostenida también se requieren nuevas alianzas con una gran variedad de países en varias etapas de desarrollo en calidad de homólogos e instrumentos más innovadores para diseñar mejores políticas y programas que respondan a los contextos específicos. La prioridad debe ser convertir el desarrollo en transición en “desarrollo en acción”, con el fin de ampliar las oportunidades para todos los países y pueblos.
En su intervención, el SECIPIC ha precisamente señalado que, en el marco que ofrece la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el desarrollo en transición requiere un nuevo énfasis en formas innovadoras de cooperación, incluida la cooperación Sur-Sur y triangular, en la que España es un socio comprometido y dinámico.
El secretario de Estado ha recordado que las formas de cooperación más innovadoras permiten diseñar y poner en marcha políticas más eficaces y abordar los cambios estructurales que necesitan las sociedades que apoya la Cooperación Española.
Juan Pablo de Laiglesia ha señalado, también, que España apuesta en su Plan Acción de la Agenda 2030 por recuperar la política de Cooperación Internacional para el Desarrollo para seguir contribuyendo de manera eficaz a que sus socios alcancen niveles de desarrollo que les permitan cumplir sus objetivos y metas en el año 2030.
“Una de nuestras prioridades es la reducción de la desigualdad y la discriminación entre países e intra-países, lo cual constituye, sin duda, uno de los mayores desafíos de la nueva Agenda 2030. España centra parte de los esfuerzos de cooperación trabajando con los grupos humanos que sufren formas múltiples de discriminación, independientemente del país donde se encuentre, y adoptando un enfoque multidimensional. Por esa razón también defenderemos que se preste especial atención a los retos a los que deben hacer frente los Países Menos Adelantados, los Países de Renta Media y los Estados Insulares en Desarrollo”.
El secretario de Estado recordó, además, que España apuesta por un renovado compromiso con un sistema multilateral fuerte y eficiente como base fundamental para la consecución de los ODS y, en concreto, para promover y preservar los Bienes Públicos Globales.

El “Plan de acción para la implementación de la agenda 2030: Hacia una Estrategia Española de Desarrollo Sostenible” se puede consultar en esta pagina web del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.

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Foto: exteriores.gob.es
lauraelatimer0
Pixabay CCo

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