La migración venezolana es una preocupación creciente para Colombia

Viktor Szücs (GLOBSEC). En los últimos años, casi un millón de venezolanos han abandonado sus hogares en respuesta al empeoramiento de la economía y la seguridad del país. Mientras que la comida se ha vuelto tan escasa que el venezolano promedio ha perdido 11 kilogramos de peso corporal, los médicos están huyendo del país y los hospitales experimentan crisis de electricidad y escasez de medicamentos. Como resultado de las malas condiciones de vida, algunos han emigrado a los Estados Unidos o España y otros a países sudamericanos, principalmente a la vecina Colombia. El puente internacional Simón Bolívar, que conecta Venezuela y Colombia, es atravesado a diario por miles de venezolanos con mochilas y maletas, tratando de escapar de la crisis humanitaria.
En el pasado, la situacion estaba al revés: los colombianos huían de su patria debido a un conflicto armado interno, buscando una vida mejor en Venezuela, en ese entonces un Estado próspero con enormes reservas de petróleo. Entonces, ¿cuál es la respuesta de los colombianos ahora que las tornas han cambiado?

¿Un problema coyuntural?

La migración masiva en Europa ha demostrado lo fácil que es que la situación salga de control. Es difícil aceptar grandes cantidades de personas de otro país cuando no está claro cuánto tiempo permanecerán. Necesitan refugio, acceso a servicios básicos como atención médica y policía, una manera de mantenerse económicamente, etc. Todo esto requiere recursos y si el país de acogida es pobre y no puede permitirse mantener la cantidad de refugiados que ingresan, se encuentra en una posición especialmente difícil.
Es importante decir a este respecto que muchos migrantes venezolanos cruzan la frontera regularmente o usan la Tarjeta de Movilidad Fronterizada, que les permite ingresar al territorio colombiano para comprar bienes y luego regresar. El primer caso se refiere a ciudadanos con doble nacionalidad así como colombianos que han emigrado a Venezuela en el pasado. Por ejemplo, el año pasado hubo aproximadamente 35.000 personas ingresando y 37.000 saliendo del país por día. El hecho de que muchos inmigrantes solo pretenden atravesar el país y continuar hacia un destino final diferente en América Latina a veces se ignora, como hemos visto en el caso de Europa.
Hay varias razones posibles por las cuales los colombianos comienzan a preocuparse por la gran afluencia de sus vecinos, y estos pueden dividirse en tres categorías: política, cultural y económica. Mientras que los ‘gringos’ (léase caucásicos) procedentes de Europa pueden tener una experiencia muy positiva con los colombianos y generalmente los consideran muy amables y acogedores, la imagen de los venezolanos tiende a ser todo lo contrario. A algunos les gusta estereotipar a los venezolanos como socialistas vagos y retrógrados. Tampoco es raro ver a colombianos gritándoles en las calles, llamándolos “vagos” (flojos) y otras groserías.
Pero, ¿de dónde proviene el temor de los colombianos a los migrantes venezolanos? En parte se debe a la desinformación basada en la ideología del castrochavismo, que difunde la creencia de que ellos llevarán al país al fracaso económico. Propagado en su mayoría por el bloque conservador del país, se ha difundido a través de las redes sociales con bastante rapidez. Sin embargo, esta explicación no es suficiente, ni es aplicable a todos los colombianos que temen la migración masiva. Por el contrario, muchos colombianos son conscientes del gran número de razones legales y lógicas por las cuales los venezolanos no pueden influir y no influirán en la política de su país. Los resultados de las elecciones del domingo 11 de marzo, en las cuales los izquierdistas y las FARC de extrema izquierda no tuvieron un buen desempeño solo apoyan este argumento.
De hecho, es muy difícil entender tal xenofobia entre naciones culturalmente tan cercanas. Por ejemplo, ambos países comparten una historia común y veneran al mismo líder de la independencia, Simón Bolívar. Además, sus cocinas nacionales son muy similares y algunas de sus comidas típicas se basan en recetas similares, como arepas, tamales, empanadas. Por último, pero no menos importante, ambas naciones son famosas por su afición a las telenovelas, el reggaetón, la salsa, el merengue y otras manifestaciones de la cultura popular.
Entonces, la única razón comprensible para el resentimiento de los colombianos hacia sus vecinos es, podría decirse, relacionada con la economía. Esto es seguramente un doble estándar. Cuando se trata de migración económica, es más fácil migrar para algunas naciones que otras. Entonces, es lógico que los colombianos puedan ver a los venezolanos como competencia. En lo que respecta a la educación, las dos naciones no están tan separadas. De hecho, según los datos disponibles, Venezuela tenía más estudiantes en la educación terciaria en 2015 que Colombia. En consecuencia, es bastante fácil entender el miedo de los colombianos a estar desempleados o tener que competir con sus homólogos venezolanos dispuestos a trabajar por menos.
Curiosamente, esto es exactamente lo que sucedió en el pasado, solo con roles invertidos. Recientemente, la tasa de desempleo en Colombia ha aumentado y el país sigue siendo uno de los más desiguales de la región en lo que respecta a la distribución de la riqueza. La ironía es que no hace mucho tiempo los colombianos huían de su país y encontraban refugio en países vecinos como Ecuador, Panamá y Venezuela, pero este argumento es ignorado en el debate.
Tal como están las cosas actualmente, muchos venezolanos usan a Colombia como país de tránsito, yendo más lejos a Ecuador, Chile, Argentina o Brasil. Es posible que la mayoría vuelva con sus familias una vez que mejore la situación económica y política del país. Sin embargo, después de cinco años, la probabilidad de vuelta a casa generalmente disminuye. Aún así, la situación de “vuelta a casa” sigue siendo un factor crucial en este contexto. Preguntas como “¿puede el Estado garantizar nuestra seguridad, acceso a la atención médica y a la educación, etc.?” son solo algunos ejemplos de las principales preocupaciones de los refugiados.

Aliviar la situación

En febrero, el gobierno colombiano introdujo el llamado Permiso Especial de Permanencia. Este documento permite a los venezolanos trabajar, estudiar e incluso solicitar la seguridad social. No es, sin embargo, un permiso de residencia o un documento que sustituye la visa. Esto significa que no se otorgará a personas que tengan la intención de establecerse en Colombia. Después de dos años de residencia, los titulares no pueden solicitar otro permiso y deben regresar a Venezuela. Otras iniciativas incluyen una reunión entre los ministros de Defensa de ambos países para reforzar la seguridad fronteriza común.
La situación actual también debería ser una oportunidad para que el próximo gobierno colombiano muestre un fuerte liderazgo y madurez. Esto no tiene que suponer un precio particularmente alto, dado que la guerra con las FARC ha terminado y los gastos de defensa pueden ir en diferentes direcciones. Hacer esto también se basaría en la nueva distribución presupuestaria de 2015 en la que la educación superó a la defensa. De hecho, si los colombianos desplazados por décadas de conflicto interno regresan en masa, también habrá otra explosión de la necesidad de servicios básicos.
Colombia también podría aprovechar la cambiante situación de seguridad en su beneficio y mostrarle al mundo que es un país muy diferente al de hace 20 años. Con este fin, usar una retórica descuidada para conectar a los venezolanos con el ELN (el segundo grupo guerrillero de izquierda más grande de Colombia) solo aumenta la amenaza de conflicto entre colombianos y venezolanos y parece un desesperado disparo al corazón en lugar de una estrategia bien pensada. En cambio, las relaciones mejoradas ofrecen la perspectiva de una mayor cooperación con respecto al crimen transfronterizo que se desarrolló como resultado de la inestabilidad. ¿Por qué mirar hacia adentro cuando puedes matar dos pájaros de un tiro?
Sin embargo, es importante señalar que la situación política y de seguridad en Colombia sigue siendo frágil. Los opositores al acuerdo de paz tienen una retórica preocupante y quieren modificar el acuerdo, lo que podría ser preocupante porque recibieron más escaños en ambas cámaras del parlamento que cualquier otro partido. Las negociaciones con ELN son intermitentes, mientras que los ataques continúan. Más de cien líderes de la sociedad y defensores de los derechos humanos que impulsan la implementación del acuerdo de paz fueron asesinados el año pasado. Y los grupos criminales están tratando de tomar el poder en los territorios controlados por las FARC. Lo último que Colombia necesita es más violencia en su territorio o en su vecindario.

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Foto: Raul Antonio Gonzalez (FB)
Raul Gonzalez II (FB)

 

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