La muerte del ex dictador Manuel Antonio Noriega cierra un capítulo de la historia de Panamá

El ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega murió este lunes en Panamá a los 83 años de edad. Estaba hospitalizado desde principios de marzo tras una delicada cirugía cerebral.
Conocido como “Cara de Piña”, debido a las profundas cicatrices dejadas en su rostro por el acné, fue uno de los últimos “hombres fuertes” latinoamericanos del siglo pasado. Nacido en la provincia de Darién el 11 de febrero de 1934 en una familia pobre, fue abandonado por su madre a una edad muy temprana. Su familia adoptiva no podía costear los estudios de medicina a los que aspiraba. Por eso Noriega optó por la carrera militar. Gracias a una beca recibió formación militar en la Escuela Militar de Chorrillos de Lima, donde se graduó como sub teniente del arma de ingeniería. A los 22 años ingresó a la Guardia Nacional (GN) y fue jefe de la zona militar de Chiriquí, fronteriza con Costa Rica.
En 1968 apoyó el golpe del general Omar Torrijos, enrolandose como informador rentado de la CIA y tomando el control de los servicios de inteligencia. Tras la muerte de Torrijos en un misterioso accidente de avión en el año 1981, Noriega fue nombrado Comandante en Jefe de la Guardia Nacional panameña y en 1983 comenzó a controlar el poder político de Panamá.
Durante 20 años mantuvo negocios con varios grupos armados ilegales – la guerrilla colombiana M-19 y la “contra” nicaragüense – así como con narcotraficantes colombianos, especialmente el Cartel de Medellín dirigido por Pablo Escobar.

La actividad oscura del dictador impulsó a muchos opositores panameños a condenar su régimen. En 1985 el médico y guerrillero italo-panameño Hugo Spadafora acusó a Noriega por narcotráfico. Las revelaciones provocaron varias manifestaciones de protesta en Panamá, duramente reprimidas por Noriega, quien decretó el estado de emergencia y suspendió las garantías constitucionales. En el mes de septiembre Spadafora fue asesinado por las Fuerzas de Defensa de Panamá: su cuerpo decapitado fue encontrado en la frontera costarricense-panameña, pero su cabeza nunca fue hallada.
Noriega, a pesar de sus vínculos con el narcotráfico, fue un aliado valioso para los Estados Unidos preocupados por la influencia de Cuba en el área centroamericana, el triunfo del frente revolucionario sandinista en Nicaragua y los avances de las guerrillas del Frente para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador.

Sin embargo, ante el aumento de la represión de los opositores al régimen y los numerosos indicios de relaciones con el narcotráfico, el gobierno estadounidense se dio cuenta de que Noriega se podía sólo alquilar y no comprar. El dictador, por su parte, se defendía de las acusaciones denunciándolas como maniobras para evitar el cumplimiento del tratado Torrijos-Carter y la devolución a Panamá del control del canal después de 1999.
En el mes de junio de 1987 el exjefe del Estado mayor del ejército panameño, Roberto Díaz Herrera, acusó a Noriega del tráfico de drogas, el asesinato tanto de Omar Torrijos – con la ayuda de la Agencia Central de Información – como de Hugo Spadafora, y fraude en las elecciones presidenciales de 1984.
En 1988, el gobierno de los Estados Unidos impuso sanciones económicas a Panamá. Noriega fue acusado de narcotráfico y lavado de dinero por parte de jueces en Florida.
En 1989 el dictador se negó a reconocer su derrota electoral y anuló los resultados de la elección de Guillermo Endara, porque el opositor “recibía dinero de los Estados Unidos”.
La muerte de un soldado estadounidense por fuerzas militares de Panamá dio el pretexto al presidente estadounidense George Bush para la invasión militar de Panamá el 20 de diciembre de 1989.
La llamada operación “Causa Justa”: 24.000 soldados invadieron Panamá para “proteger las vidas de los ciudadanos estadounidenses presentes en el país, defender la democracia y los derechos humanos, combatir el narcotráfico y asegurar la futura neutralidad del canal”, y por supuesto capturar a Noriega.

El dictador fue destituido, llevado ante las instituciones judiciales de los Estados Unidos y condenado por narcotráfico y lavado de dinero a 40 años de cárcel, pena reducida a 25 años debido a su buen comportamiento.
En 2010, una vez cumplida la condena, las autoridades de los Estados Unidos autorizaron la extradición a Francia por blanqueo de 2,4 millones de euros del cartel de Medellín en bancos franceses.
El gobierno panameño logró la extradición de Noriega en 2011. En su país, el ex dictador fue condenado a más de 60 años de cárcel por violación de los derechos humanos y una larga serie de crímenes, asesinatos y desapariciones durante su régimen.

En prisión, el hombre cruel y supersticioso que tenía como guía paranormal la reconocida esoterista colombiana Regina, se convirtió a la Iglesia Adventista.
Hasta su muerte, Noriega siempre negó las acusaciones en su contra, pero en 2015 apareció en televisión desde la cárcel para pedirle perdón a Panamá por sus acciones durante 20 años de régimen militar.
“Le pido perdón a toda persona que se sienta ofendida, afectada, perjudicada o humillada por mis acciones o las de mis superiores en el cumplimiento de órdenes o las de mis subalternos en ese mismo estatus”. “Yo cierro el ciclo de la era militar como el último general de ese grupo pidiendo perdón, como comandante jefe, como jefe de gobierno”.

Casi 27 años después de la invasión norteamericana a Panamá el gobierno panameño abrió una investigación para determinar el numero exacto de las victimas. “Panamá busca sanar las heridas y procurar la reconciliación – afirmó la vicepresidenta y canciller, Isabel De Saint Malo -, pero “no puede haber reconciliación si no se conoce la verdad y si no consignamos en blanco y negro la memoria colectiva”.
El número oficial de muertos es de 300 militares (23 norteamericanos) y 214 civiles panameños. Sin embargo, según lo declarado por organizaciones civiles, la cantidad es superior al millar.

El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, escribió en su cuenta de Twitter:
“Muerte de Manuel A. Noriega cierra un capítulo de nuestra historia; sus hijas y sus familiares merecen un sepelio en paz.”

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Foto: U.S. Marshals Service in Miami, Florida, public domain
Institute for National Strategic Studies (INSS)
Marcelo Montecino CC BY-SA 2.0
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Guillermo Cochez CC BY-SA 4.0
SPEC. MORLAND public domain

 

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