Miles de personas en las calles contra la corrupción en la marcha más grande después de las protestas anticomunistas

Se estima que alrededor de 50.000 personas llenaron el centro de Bratislava el pasado viernes 9 de marzo.
La marcha “Defendamos la decencia en Eslovaquia” tuvo un carácter apolítico y recibió el apoyo de varias universidades en Eslovaquia y la República Checa, registrando la participación de docentes, representantes de sociedades civiles, organizaciones no gubernamentales, periodistas, asociaciones médicas y culturales y artistas.
Una manifestación pacífica, pero con dos objetivos muy claros: una reforma profunda del gobierno del primer ministro Robert Fico e investigaciones independientes sobre el asesinato de Ján Kuciak y su novia Martina.
Aunque Eslovaquia ha estado plagada durante mucho tiempo por el problema de la corrupción y dos periodistas han desaparecido misteriosamente en los últimos años, es la primera vez que el país tiene que enfrentar el asesinato de un periodista, que también estaba investigando los vínculos entre la mafia y el poder político.
Esto explica el motivo de la participación de muchos ciudadanos en la manifestación más grande jamás registrada en la capital desde 1989, el año de las protestas anticomunistas de la Revolución de Terciopelo.
Y como en 1989, la plaza central de Bratislava estaba atiborrada de gente llevando llaves para indicar el final histórico de una era, la de la corrupción. “Queremos un país honesto y democrático”, “¡Fico, renuncia!”, “Fuera la mafia de nuestro país”. Estos fueron los mensajes dirigidos por los manifestantes al ejecutivo, sacudido en las últimas semanas por escándalos, sospechas y acusaciones.
Una protesta nacida del compromiso civil de dos jóvenes, Peter Nagy y su esposa Katarína Nagy Pázmány, y numerosos volontarios, y financiada por una colecta pública.
Pero también un signo de solidaridad y afecto por la familia del periodista asesinado. “Toda nuestra familia tiene una bala en el corazón”, dijo Mária Kuciaková, hermana de Ján, agradeciendo a todos aquellos que con su presencia quisieron mostrar que los eslovacos no son indiferentes y se preocupan por el futuro de su país.
“Defendamos la decencia en Eslovaquia”, la frase-símbolo de la protesta, porque un país honesto es un derecho que debe ser garantizado por los gobernantes, pero también es un deber de todos, una responsabilidad hacia las generaciones futuras.
Si el primer ministro Robert Fico ve un “intento de golpe” en el activismo de los “indignados”, el ex arzobispo de Trnava, Robert Bezák, ha enfatizado la determinación de las personas que exigen justicia y verdad. En su opinión, muchos políticos deberían darse cuenta de que si la ley y la justicia se retiran a un segundo plano, lo mismo sucederá con ellos, como ha sucedido en el pasado. Cada vez más gente cree que la justicia es más importante que el aumento del PIB o la inversión industrial para el verdadero crecimiento del país.
Manifestaciones similares se celebraron en otras 48 ciudades de Eslovaquia y en 17 ciudades de todo el mundo, Barcelona, Praga, Berlín, Londres, París, Sydney y Vancouver, entre otras.
La comunidad eslovaca viviendo en Barcelona se ha unido a las manifestaciones pacíficas: “Nosotros como nación eslovaca estamos enfadados, nuestro gobierno no está haciendo nada por remediar la situación ni cesando aquellos miembros del gobierno con relación a las investigaciones”… Demandamos una investigación exhaustiva e independiente de los asesinatos ocurridos y un nuevo gobierno sin la presencia de gente bajo sospecha de corrupción o que tiene enlaces con el crimen organizado.”
“Aunque viven en otro lugar, se preocupan por su país”, dijo Peter Nagy en una entrevista publicada por aktuality.sk, “y esto es un gesto maravilloso”: significa que quieren hacer algo para que su país cambie.
El mes pasado, el presidente Andrej Kiska dijo que su país era “exitoso, orgulloso y seguro de sí mismo”. Ahora Eslovaquia tiene que enfrentar una “crisis política grave”, una tormenta política que ha continuado intensificándose a diario en medio de ataques verbales, teorías de conspiración y protestas de un creciente número de ciudadanos.
El asesinato de Ján y Martina obliga a todos a reflexionar sobre lo que está “bajo la piel de las cosas” en Eslovaquia.

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Foto: Tomáš Benedikovič, Peter Nagy, Zuz a Bel (FB)

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