Tannat y asado: sabores y aromas de Uruguay

Aún desconoscidos para el gran público internacional, los vinos uruguayos sorprenden pos su calidad, su capacidad de innovación y su terroir original. Las bodegas, en su mayoria fundadas por inmigrantes europeos del siglo XIX, producen 100 millones de litros anuales de vino.
En sus cavas coexiste el espiritu familiar y artesanal con un poderoso patrimonio material e inmaterial. Sus líderes preservan historias de una identidad que ha transformado una antigua uva francesa traída por el vasco Pascual Harriague, a mediados del siglo XIX, en una cepa nacional que recoge premios y admiración: el Tannat.
Tannat es el vino emblema de Uruguay, por su alta calidad y la fuerte personalidad. Presenta características de bajo PH, taninos muy concentrados, color muy intenso, rojo morado, rubí tirando al granate, aromas de frutos rojos y negros maduros, especias, chocolate amargo. Un estudio cientifico ha demostrado que el Tannat tiene el mayor nivel de antioxidantes que previenen enfermedades cardiovasculares.
Con la técnica de la microoxigenación se puede redondear los taninos y así acelerar la maduración del vino, conservando todas sus propiedades organolépticas, el color, la frutosidad. El proceso consiste en agregar cantidades pequeñas de oxígeno al vino, antes de la fermentación malolactica, a través de una sonda de cerámica. Con esta técnica los tannat uruguayos presentan un aporte sensorial muy marcado y un alma profunda, y son los mejores vinos para degustar la gran parrilla uruguaya.
Durante la primavera para un uruguayo siempre hay un buen momento para encender un fuego y disfrutar mientras la carne se va dorando lentamente sobre la parrilla. Y en Uruguay no existe un asado sin vino.

El asado no es sólo una forma original de cocinar la carne, sino también un entrañable rito cultural rioplatense. Mientras que el asado argentino se realiza con carbón, el uruguayo se cocina solo con el calor que, muy lentamente, va largando la brasa de leña de monte… nada de fuego.
Cuenta una leyenda que el primer asado con cuero fue cocinado en 1832, en algun paraje del departamento de Colonia, cuando se decretó una amnistia y libertad de presos en el recién creado Estado Oriental del Uruguay. Una crónica de la época contaba que en pocas horas una banda de cuatreros liberados se agenció unos vacunos de vecinos de la zona y cierto ex convicto piro maniaco arrancó la puerta de su propia celda e improvisó una parrillada.
Desde entonces, “hacer un asado” se convertió en una de las mejores excusas que tiene el uruguayo para juntarse con la familia o los amigos.

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Foto: Archivo BDE 

Fernando da Rosa (Fedaro) CC BY-SA 3.0 

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