La crisis energética está golpeando duramente al sector de la panificación

Muchos establecimientos de alimentación corren el riesgo de no continuar con la producción debido no solo al aumento de los precios del gas y la electricidad, sino también a un plan de ayudas estatales.
Así lo afirma la Unión Eslovaca de Panaderos, Pasteleros y Fabricantes de pasta (SZPCC), que agrupa a 500 productores de toda Eslovaquia, con más de 12.200 trabajadores, subrayando que el sector necesita un precio de la energía claro y funcional y un marco legislativo para final de mes.
Actualmente, los productores de alimentos no se encuentran entre los sectores que pueden beneficiarse de los precios regulados de la energía. La Unión insta al Gobierno a acelerar la redacción de la nueva normativa encomendada a los Ministerios de Agricultura y Economía.

Según Milan Lapšanský, presidente de la junta directiva de SZPCC, la producción de pan, dulces y pasta, que es el sector alimentario que consume más energía (seis veces más que el sector lácteo), puede tolerar un precio máximo de 70 euros por MWh para el gas y 120 euros para la luz. Con la instalación de las tecnologías más modernas sería posible reducir las necesidades de energía en solo un 15%, mientras que el uso de energía fotovoltaica a menudo genera problemas con los distribuidores de energía para la conexión a la red eléctrica, afirma Lapšanský. Paradójicamente, «Eslovaquia produce electricidad barata, pero las empresas tienen que comprarla a un precio altísimo», observa.

El aumento constante de los costos de la energía hace que los precios de los productos horneados aumenten considerablemente. El precio del pan subió un 32% debido a la crisis energética, lo que representa el tercero encarecimiento más alto de la UE según datos de Eurostat. Los productos eslovacos son cada vez menos competitivos que los de los países vecinos, donde los gobiernos han destinado ayudas al sector alimentario. Además, cabe señalar que el precio de la harina es el más alto dentro del Grupo de Visegrado: es 50 euros por tonelada más alto que en Hungría y la República Checa, y 100 euros más alto en comparación con Polonia.

La inacción del gobierno, se queja Lapšanský, está provocando un aumento de las importaciones y una reducción significativa del volumen de producción nacional. Según la Unión, el Gobierno no está haciendo nada para alcanzar la autosuficiencia alimentaria que está prevista en la Declaración Programática. Las consecuencias pueden ser muy graves: las plantas de producción están registrando pérdidas económicas y están comenzando a cerrar y despedir empleados.

Por su parte, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural asegura que ya ha destinado ayudas especiales a los productores de alimentos, incluidos panaderos y pasteleros, por un importe de 8 millones de euros, a través del Centro Nacional Agrario y Alimentario (NPPC). Además, está preparando un plan de ayudas estatales para proporcionar a los productores de alimentos fondos adicionales, cuyo monto dependerá de la disponibilidad financiera del presupuesto estatal. En cuanto a la regulación de los precios de la energía, el Ministerio afirma que es necesario esperar el desarrollo de una estrategia gubernamental.

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Foto: Pexels CC0

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